Recientemente,  hemos escuchado miles de voces analizar, criticar y discutir ampliamente el fenómeno del Acoso Escolar, ahora generalizado y popularizado con el término sajón de “Bullying”.  Definiciones diversas, propuestas aquí, otras más por allá, incluyendo en todo ello, la participación del Congreso de la Unión, en donde hasta el momento, se encuentra, en la Cámara de Senadores, un estudio de reforma a la Ley de Educación, planteada, dictaminada  y aprobada por unanimidad en la Cámara de Diputados.

El Hostigamiento, Acoso Escolar, Ostracismo, “Bullying”, etc., a nuestro parecer, requiere de atención inmediata y de medidas drásticas para su control y erradicación; incluida en éstas, inserciones explícitas en el capítulo de las “Garantías Individuales” consagradas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, para hacer de ésta inadmisible conducta en nuestra sociedad, un acto criminal, independientemente de que éste, se haya realizado de manera imprudencial, consciente o inconscientemente.

Con esta medida, daremos mayor congruencia a una de las más recientes y relevantes modificaciones constitucionales en materia de Derechos Humanos, porque ciertamente, como lo es,  el artículo primero de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, párrafo quinto, establece:  “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

El acoso escolar (también conocido como hostigamiento, matonaje escolar o por su término inglés bullying como lo hemos expresado con anterioridad),  generalmente se reconoce como cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado.

Ahora bien, ¿cual deberá ser la sanción a que se haga merecedor aquel individuo que practique esta delictiva conducta?; la respuesta no es simple, por el contrario, su complejidad merece un esfuerzo extraordinario en su análisis, comprensión, estudio, y determinación; señalando los diversos niveles de responsabilidad y sanción que en su caso puedan merecer los actores de ésta ilícita conducta, incluyendo a aquellos corresponsables en su caso, inmersos en el seno propio de las familias y los centros educativos en todo el País. ¡Lo que absolutamente habrá que evitar, es la creación de una legislación ligera, al vapor, politizada y sin mérito alguno!

Estadísticamente, el tipo de violencia dominante en el hostigamiento escolar, matonaje escolar, bullying, etc., es la violencia emocional,  dándose ésta mayoritariamente en el aula y patio de los centros escolares, incluyendo  ahora el uso del internet;  novedoso e idóneo medio de comunicación para llevar a efecto esta abusiva y subversiva práctica, la cual se ha convirtiendo en un padecimiento y lacra social, derivándose como una de las principales causas y semillero de la brutal delincuencia de nuestros tiempos.

Según los Psicoanalistas y demás expertos en la materia, los protagonistas de los casos de acoso escolar y demás terminología  aquí descrita, suelen comúnmente ser niños y niñas de entre 8 y 12 años de edad y con mayor agudeza aquellos menores en proceso de entrada en la adolescencia de entre los 12 y16 años, siendo ligeramente mayor el porcentaje de niñas con un perfil de víctimas y niños con un perfil de acosador. El acoso escolar es una forma característica y extrema de violencia,  una especie de tortura, metódica y sistemática, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros.[]

Este tipo de violencia escolar se caracteriza, por tanto, por una reiteración encaminada a conseguir la intimidación de la víctima, implicando un abuso de poder en tanto que es ejercida por un agresor más fuerte (ya sea esta fortaleza real o percibida subjetivamente) que aquella. El sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador, generándose como consecuencia una serie de secuelas psicológicas; es muy común que el acosado viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana. En algunos casos extremos, la dureza de la situación puede acarrear pensamientos sobre el suicidio e incluso su materialización, consecuencias propias del hostigamiento hacia las personas sin limitación de edad.

 

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